Humanos y tecnología

A menudo pensamos que las máquinas son infalibles, ellas no se cansan, no dudan,no necesitan dormir o comer. La tecnología avanza a pasos agigantados. Científicos calculan que dentro de unos 20 años las máquinas superarán con creces a los seres humanos abriendo como narra Morgan Freeman en la serie cientifica Through the Wormhole el debate sobre las diferencias entre una inteligencia proveniente de un ser humano y la una máquina y si las máquinas tienen conciencia como nosotros dado que tendrán las mismas características intelectuales.

Del mismo modo que no tienen las mismas necesidades que los seres humanos, tampoco pueden reproducirse por sí mismas al menos hasta que las películas de ficción sean realidad. De momento somos nosotros los que creamos las máquinas, las diseñamos, las programamos y hacemos su mantenimiento. Cuando hay un accidente normalmente no hay sólo un error, sino varios que se clasifican como errores humanos y errores mecánicos. Pero las máquinas no fallan porque si, ellas no se cansan como nosotros ni deciden hacer un día algo diferente. Son los humanos con los que la ha entrado en contacto los que han fallado de una u otra manera.

  • Puede que el error esté en el diseño de esa pieza o en su programación; por falta de formación, o aceleración en los plazos de entrega demasiado a menudo se construyen componentes que no han sido sometidos a todas las pruebas funcionales y de seguridad adecuadas. Hay numerosas tragedias por fallos de diseño, por ejemplo en la muerte de la tripulación del Apolo I se identificó como una de los factores el diseño de la compuerta, dado que no permitía ser abierta desde dentro y cuando los astronautas detectaron fuego no pudieron salir a tiempo por sus propios medios.
  • El error humano puede estar en el uso de la máquina, intentando sobrepasar las atribuciones para las que fue diseñada. Por muy seguro que sea un coche no se puede circular después de haber consumido alcohol porque el usuario no tiene la capacidad mental para hacerlo con seguridad.
  • Puede ser un error del técnico que efectuó la revisión de esa máquina omitiendo esa pieza o haciendo un juicio de valor erróneo de su estado.
  • Pero también puede ser que el error humano y la responsabilidad esté en los dueños/responsables de la máquina y sea una decisión deliberada no un error más o menos fortuito; puede ser que los técnicos hayan comunicado el mal funcionamiento por desgaste mecánico o por una configuración errónea y aún así la empresa decida ignorar el asunto para ahorrar costes.

Nosotros como sociedad debemos tener el poder de decidir que servicios pueden ser gestionados para ganar beneficio y cuales deben poner al ciudadano como prioridad. Y tambien debemos exigir que la tecnología se incluya de forma segura en los productos/servicios para mejorar la experiencia del usuario y minimizar la ocurrencia de errores humanos.

En Londres el transporte se considera un servicio al ciudadano. Aunque la empresa contrata empleados siguiendo el modelo privado, el director de la empresa responde ante el alcalde. Gracias a esa visión se ha podido mantener durante la historia el metro de Londres funcionando, aunque 2013 sea el primer año en el que no tendrá pérdidas y los años anteriores haya sido un lastre para la empresa y el ayuntamiento. Los precios de los billetes son elevados, pero los costes lo son aún más debido a su extensión y que durante más de 50 años no se efectuó ningún tipo de mantenimiento, en una red dónde algunas de sus líneas cumplen este año su 150 aniversario. Para adaptar el metro a los nuevos tiempos y conseguir que fuera más seguro y eficiente se ha diseñado un programa de actualización que terminará en 2014. Poco a poco se están mejorando las líneas (sistemas de señalización modernos, sistemas para aliviar el calor acumulado en las vías y las paredes de los túneles, vagones con mayor capacidad, aire acondicionado y sistemas automáticos de seguridad…) pero esto requiere una elevada inversión; como ejemplo diré que un vagón de nueva generación cuesta 1 millón de libras. El alcalde de Londres y el gobierno de la nación entienden que el transporte eficiente y seguro es esencial para que Londres pueda funcionar y se gasta el dinero necesario (siempre controlando estrictamente ese gasto). Dentro de este concepto de transporte eficiente se incluyen adelantos tecnológicos que mejoren la calidad y seguridad del servicio en cualquiera de sus partes.

La tecnología comenzó a introducirse en el entorno laboral para acelerar los procesos de producción dando origen a la producción en cadena, iniciada por la empresa Ford. Poco a poco se fueron diseñando máquinas con más funcionalidad e introduciéndose en nuestro día a día. Al igual que TfL, debería ser el deber de cualquier empresa aprovechar la tecnología disponible para mejorar la calidad de su servicio/producto, siempre de manera segura. No parece lógico vender un servicio como algo que sólo lo es a medias sin que todo el servicio tenga las mismas características; es una decisión empresarial y/o política que pone por delante costes/imagen a personas y por lo tanto una falta de respeto a la sociedad que además puede tener consecuencias terribles. Si no se dispone de fondos para garantizar que todo un servicio tenga las mismas características y sea seguro se debe esperar a obtener dinero; no se consentiría que un coche acelere an algunas zonas y en otras no. Los apaños son más complicados de hacer de lo que puede parecer en un principio e introducen más variables en el sistema que pueden ser pasadas por altos y facilitar errores de otro tipo. Además es responsabilidad de las empresas hacer que sus máquinas sean eficientes, útiles y seguras tanto las personas que las conciben, producen y mantienen como los que las usan minimizando errores humanos en todo el funcionamiento. Para ello se necesita formación de calidad que permita diseñar, programar y mantener máquinas avanzadas y dotar a las personas involucradas de las herramientas necesarias para que puedan contemplar y evitar cualquier escenario posible y se tomen su labor con la responsabilidad adecuada. Esto es aún más importante en sectores donde un accidente puede acabar con la vida de una persona, porque el precio de un error de ese tipo es incalculable.

 

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El cliente siempre tiene la razón

Siempre había pensado en la globalización como algo positivo, los países podían compartir sus productos y sus costumbres haciendo que todos aprendiéramos de todos. Luego llegó la crisis y a mi afición por seguir la política se unieron mis ganas de saber porque había pasado todo esto. Empecé a sospechar al ver que todo caía como piezas de dominó; el libro de Aleix Saló Europesadilla me ha ayudado a poner orden en mi cerebro y poder ver con claridad el impacto negativo de la globalización que antes intuía por algún discurso de Obama criticando a las empresas que se iban de Estados Unidos. Aleix con su estilo simpático y educativo reflexiona sobre el problema que tienen las economías industrializadas para mantener a las empresas produciendo en sus territorios cuando pueden irse a países asiáticos para abaratar costes.

Parece claro viendo la devaluación de los salarios en Europa del sur en los últimos años que los gobiernos han claudicado y decidido bajar los sueldos por real decreto para que seamos más competitivos. Porque al final la austeridad es esa palabra mágica que los gobiernos utilizan para no decir que queremos que cobréis menos para poder exportar más barato sin devaluar el euro y competir con los chinos o los indios que cobran cuatro duros y trabajan 15 horas al día. Usaron una elaborada hoja Excel que decía que los países con más prosperidad eran los que tenían una deuda soberana de menos del 3%, pero viendo que un estudiante universitario ha conseguido encontrar errores de bulto, ese documento suena más al apaño que hizo Bush para convencer al consejo de las Naciones Unidas de que había armas de destrucción masiva en Irak que a un documento económico sólido. Al fin y al cabo la historia demuestra que de las crisis de deuda se sale reestructurando la deuda como plantea José Carlos Díez, y de las crisis de inversión privada se sale con el gobierno invirtiendo en empleo público para generar trabajos públicos y también privados gracias al consumo de la gente contratada e incluso contratos con la administración pública, el mayor cliente de muchas empresas privadas además de reducir impuestos como está haciendo Estados Unidos. Ninguna de estas medidas se ha aplicado en Europa, sólo recortar y más recortar.

¿Por qué está insaciabilidad con la tijera cuando se está viendo que no funciona? Repiten una y otra vez que las economías del sur tienen que ser más productivas, que nuestros sueldos son demasiado altos y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Muchos italianos, españoles o portugueses admitirían que no somos tan organizados como los alemanes, finlandeses o daneses. Somos muy dados a dejar las cosas para el final y luego improvisar sacándolo adelante por este don de improvisación y habilidad para trabajar bajo presión; los países del norte prefieren planificarlo todo hasta la última coma para evitar a tragantones pero parece que a nosotros nos va la presión, quizá el reto de ver si lo vamos a conseguir con el agua al cuello para encontrar nuestro límite. Otro factor que influye en la eficiencia es la pésima formación que se recibe en estos países en materias de productividad, como si la gente aprendiera a ser eficiente simplemente por obligarla a hacer dos veces más cantidad de trabajo en el mismo tiempo porque se ha despedido a la mitad de la plantilla, eso no es fomentar productividad si no esclavismo moderno pero las empresas sureñas siguen viendo la formación como un gasto no una inversión. Cuando nos dicen que no somos productivos nadie se está planteando darnos cursos metodologías de gestión de proyectos (prince2, pmbok) o gestión eficiente de procesos (lean, Six sigma) para que aumentemos nuestra eficiencia, si no que han ido directos a cortar nuestros sueldos. Si la raíz del problema eran los ciudadanos y empresas que han vivido por encima de sus posibilidades porque nadie ha legislado la industria financiera que ha concedido créditos por encima de sus posibilidades llegando a tal endeudamiento que hemos tenido que pagar su deuda con nuestros impuestos si esperábamos recuperar el dinero que teníamos en el banco, que ahora nos tendremos que gastar pagando servicios que antes sólo teníamos que sufragar con nuestros impuestos. La gente pedía créditos para irse de vacaciones porque el banco los concedía, no para hacerles un favor si no para forrarse a base de intereses. En el paraíso la gente sería comedida a la hora de endeudarse, pero esto es la realidad; se necesita un gobierno que proteja a la sociedad de las empresas abusones para que los menos inteligentes no sean estafados y los más inteligentes y despiadados no se conviertan en estafadores.

Al final todas estas medidas de austeridad son la manera legal de conseguir una clase trabajadora cualificada de bajo coste en Europa. Los gobiernos por miedo a que las empresas se vayan fuera aceptan cualquier tipo de medida impuesta por los poderes económicos que son los jefes del cotarro desde que la señora Thatcher comenzó la desregulación y las empresas pueden hacer casi lo que les da la gana para que la economía creciera a toda pastilla, aunque creciera en falso. Mientras haya países pobres dispuestos a acoger a todas las empresas que trabajan en países industrializados y proporcionarles mano de obra muy barata para que produzcan a menor coste y ganen más beneficio (porque ojo, no estamos hablando de que estén en pérdidas, si no que quiere ganar más, porque el precio final al que compramos las cosas no lo bajan cuando deciden mudarse a Asia), los países industrializados seguirán en esta encrucijada.

Esto no quiere decir que no haya soluciones. No voy a sugerir no comprar productos de estas empresas porque al final la pela es la pela, eso encarecería nuestras compras y en época de crisis hay que mirar por el dinero más que nunca, esto es la realidad. Pero si propondría una ley que obligara a las empresas que quieran vender sus productos en nuestro país a tener una empresa de producción dando trabajos en nuestro territorio por supuesto obligándoles a mantener el precio de venta inicial; los precios se podrían establecer considerando el PIB de países similares para que el hecho de tener o no una fábrica no influyera en las ventas. Esto podría aplicarse a productos de consumo como ropa; para productos agrícolas se podría solicitar que los distribuidores invirtieran una cantidad en la economía del país a modo de arancel, porque es evidente que no todos los países pueden cultivar todos los productos (aquí yo también añadiría medidas para promover la agricultura y ganadería internas, aunque soy consciente de que eso hay que negociarlo con Bruselas, pero tanto que dicen que les preocupa nuestro paro, que hagan algo más que exigir el empeoramiento de la calidad de vida). Para garantizar que las compañías otorgan el salario mínimo a sus empleados y no se despide o devalúa el sueldo como primera medida, la ley contemplaría que las empresas sólo puedan negociar sueldos a la baja después de haber tenido cuatro meses de resultados negativos y siempre haciendo un recorte del mismo porcentaje a todos los sueldos, no recortando a personal de menor sueldo y dejando las directivas como estaban; soy consciente de que esto se opone frontalmente a la nueva reforma laboral, pero estas son propuestas para mejorar, no ir a peor como nos hará esta reforma porque facilita que se destruya todo el empleo estable de España, si es que queda algo, para substituirlo por empleo precario y aquí vuelvo a hacer referencia a un economista, José Carlos Díez vamos que esta valoración de la reforma no me la invento yo que no soy economista. Finalmente habría que volver a regular todas las industrias que se deregularon, con especial énfasis en los bancos para que consigna sus beneficios moralmente.

Para algunos esto sería un estado intervencionista, muchos seguro que lo llamarían dictadura o algo peor. Con todo el sufrimiento que la crisis está provocando es hora de tener un gobierno que mire por los ciudadanos en vez de las multinacionales y los bancos garantizando que los trabajadores tienen un sueldo mínimo y un nivel de vida digno. Somos los ciudadanos los que estamos haciendo ricos a las empresas comprando sus productos. Debemos recordar y hacerles recordar que el comprador es el que tiene el poder. Usar nuestro poder de comprador para que dejen de beneficiarse doblemente a nuestra costa, primero con las ganancias de las compras que hacemos y después con lo que se ahorran con nuestros sueldos. De lo contrario no evitaremos esta transferencia de capital de rentas medias y bajas a altas, que seguirá hasta que sólo haya dos clases, una muy rica y otra muy pobre.

¿Emigrantes maltratando inmigrantes?

No se cuántas veces habré oído: si tienen problemas en su país que se queden allí y lo arreglen en vez de venir a España. Normalmente esos comentarios se dirigen a inmigrantes de países poco desarrollados, porque parece que a nadie le molesta un inmigrante noruego o canadiense.

Parece mentira que un país que ha emigrado tanto (la guerra civil y la dictadura echaron de España a millones) tenga ese desdén con los inmigrantes tratándoles como mensajeros de desgracias como decía Bertolt Brecht; muchos dirán que tenemos bien merecido el exilio que los españoles están sufriendo porque ahora ser español es llevar desgracias incorporadas de serie (paro, corrupción, complacencia por no haber hecho algo antes, indiferencia e ignorancia supinas de cómo hemos llegado a esto…). ¿A todos los que nos hemos ido se nos va a decir que nos teníamos que haber quedado en España sin trabajo intentando cambiar el sistema? O la gente entiende que sus compatriotas quieren sentirse realizados y trabajar para construir un futuro profesional, y no tienen tiempo que perder porque cuanto más tardes en empezar a trabajar más tardas en tener una vida digna. Si entendemos y apoyamos a nuestros inmigrantes lo mismo deberíamos hacer con los que llegan a España.

Alguien que emigra ya lo pasa suficientemente mal estando solo en un país con una cultura diferente como para que encima se le juzgue por su país de procedencia presuponiendo que si viene de un país poco desarrollado o con problemas económicos merece menos que si viene de un país estable o ha nacido en España. Mientras venga a trabajar honradamente y cumpla con las leyes de convivencia debería dar igual su nacionalidad. A los que habría que perseguir es a los que les contratan de formal ilegal para explotarles sin que tengan ningún derecho, ni siquiera denunciar los abusos por miedo a ser deportados. Eso es lo que provoca que se devalúen los salarios, la falta de moralidad en la contratación, aprovechando que los inmigrantes vienen de una situación tan mala que aceptan cualquier tipo de trabajo porque algo es mejor que nada, convirtiéndolos en esclavos como afirmaba Patiño. Y si no miremos alrededor y veamos como la gente en España está haciendo un montón de sacrificios laborales que hace unos años eran impensables por miedo a perder el trabajo, por no mencionar los españoles que recogen latas en Oslo (¿alguien pensaba que esto iba a pasar?), o los camareros en Londres o Alemania de los que se abusa.

Andrés Fabián dijo “Los inmigrantes del Tercer Mundo terminan viviendo una doble exclusión: de la sociedad que jurídicamente los protegía, se encuentran excluidos de las posibilidades de progreso; mientras que de la sociedad en la que depositan sus esperanzas de progreso, se ven excluidos de la pertenencia y la protección jurídica”. Ahora esta exclusión no afecta sólo al Tercer Mundo, quizá la clave está en admitir que España está más cerca del Tercero que del Primer mundo gracias a las políticas económicas y sociales nefastas de los últimos 30 años, si 30 porque quien piense que España iba bien vivía en la ignorancia, si no no estaríamos así después del estallido del ladrillo porque tendríamos algo más que nos sustentara.

En todos los países la inmigración se reparte entre trabajadores altamente cualificados y gente con menos formación. A menudo los trabajadores cualificados no poseen el idioma del país destino y comienzan su experiencia en otro país como trabajadores en el sector servicios hasta que adquieren un nivel adecuado de lenguaje. Esto es lo que les pasa habitualmente a los españoles, nuestro sistema de educación deja mucho que desear en idiomas, y salvo contados colegios privados o aquellos que fueran a clases particulares, la mayoría de los españoles que emigran tienen que pasar unos meses de camarero o cuidando niños hasta que tienen el idioma suficiente para desempeñar el trabajo para el que han estudiado, esto es lo que veo a menudo en Londres.

Considerando todos los españoles que estamos emigrando porque es la única manera de conseguir un trabajo, debemos dejar de pensar mal de los inmigrantes y recriminar a cualquiera que lo haga, a no ser claro que no nos importe que nuestro amigo, primo, hijo o sobrino se le margine dónde haya emigrado. La crisis no debe ser excusa para marginar la inmigración, todo el mundo tiene derecho a buscar trabajo y ganarse la vida en el país en el que queramos (o podamos). El concepto de ciudadano implantado en el mundo es el definido por Frédéric Mertens de Wilmars “condición sine qua non del ser ciudadano europeo es todavía un vínculo nacional”, que en realidad une ciudadanía y la suerte que hayas tenido de nacer en un país o en otro. Sin embargo todos somos seres humanos, la mayoría tratando de ganarnos la vida honradamente y por ello todos merecemos el mismo respeto, bien vendamos pañuelos en los semáforos o vayamos a comprar ropa a la calle Serrano.

Ahora a los españoles que estamos fuera se nos mira mal, se nos juzga por la incompetencia y corrupción de nuestros políticos y muchos nos enfrentamos a la hostilidad de los países de acogida cambiando las leyes de inmigración para expulsarnos; ser un ciudadano de segunda clase en un país extranjero no es una sensación nada placentera con la que vivir todos los días. A mí al menos me gustaría poder decir a la gente que nos trata así que nosotros aunque estemos en crisis tratamos a todos los seres humanos dignamente siempre y cuando respeten las normas de convivencia. No es que por no decirlo no se lo vayan a decir a un español pero por lo menos los que estamos fuera podremos decir con orgullo que en nuestro país no se trata mal a los inmigrantes y reclamar que nos traten mejor a nosotros.

 

España se vuelve nómada

investigadorEspaña no es un país para desarrollar una carrera profesional legítima con futuro. Creo que nunca lo fue. Durante la dictadura no había posibilidades para generar una industria innovadora, estábamos más ocupados mirando el gran invento que era la televisión, cómo para plantearse el fan de Alfredo Landa que Españoles pudieran crear algo innovador. Cuando acabó la dictadura tampoco se invirtió lo necesario en I+D ni se facilitó la creación de pequeñas empresas que pudieran ofrecer una salida a la gente con ideas. Esas ideas que echamos hoy tanto de menos porque el país ha vivido del ladrillo en vez de nuestros cerebros, todos esos cerebros que están siendo reclamados por Alemania a razón de 200 000 al año. Lo cual quiere decir que tontos los españoles no somos, si no que nuestro país no sabe aprovechar nuestras posibilidades.

La reforma laboral ha terminado con las pocas esperanzas de retener y atraer trabajadores altamente cualificados en España (voy a dejar a un lado los estropicios que hace a  la gente sin carrera porque no daría a basto si lo juntase todo). Pudiendo escoger, ¿quién va a ofrecerse voluntario para ganar menos de mil euros, tener un contrato de meses con suerte, no poder  permitirse pagar un alquiler en una casa digna y comer algo más que cocidos día sí día también? Si sólo fuera un problema de ajustar gastos, la gente viviría con la familia para siempre e iría tirando, como ya tienen que hacer prácticamente todos los jóvenes españoles y ahora los no tan jóvenes. A la falta de trabajo en general, hay que sumar la inexistencia de muchas profesiones de alto nivel y la cultura laboral de nuestro país. Una mezcla que hace que cualquiera con unos medios mínimos haga la maleta.

Porque lo más mezquino de todo es que después de haber estudiado un montón de años, luchado por conseguir un trabajo en tu campo (un auténtico lujo en nuestro país) y currar más de las horas que pone tu contrato para evitar que te llamen vago o te despidan pojefeGritar “falta de compromiso”, de regalo eres tratad@ todos  los días como una auténtica mierda. Tienes que estar sentad@ en la silla para que tu jefe piense que estás trabajando y aguantar malos modales y amenazas cuando algo no sale de acuerdo a unas espectativas  que demasiado a menudo son irreales e inventadas para evitar la bronca de los que están por encima. Habiendo otra opción, ¿quién va a querer vivir así?

Siempre oyes  decir que en España trabaja uno de cada siete y que todos los jefes son una panda de cretinos que se aprovechan de los de abajo. Pensé que no sería para tanto pero me equivoqué, cuando lo viví en primer persona decidí ahorrar lo más rápido posible, hacer un Máster fuera y no volver. A mis ganas de vivir en otra cultura se unió mi convicción de que hay otras maneras de trabajar y que ser un empleado no significa ser esclavo maltratado. Mi convicción de que no todo el mundo sirve para ser jefe y que una persona tratada con respeto y en un ambiente normal va a producir mucho más y mejor que alguien con miedo permanente a que se le grite.

Para mi esta visión de cómo gestionar a los trabajadores es una de las bases de los problemas que tenemos en España a día de hoy (yo diría junto con el sistema chanchullero que se montó en la transición). La gente debe ascender hasta su máximo nivel de competencia (lo que se les da bien y están capacitados para hacer o tienen potencial para ejercer) no hasta el máximo nivel de incompetencia (ascender hasta que lo hacen tan mal que ya no brillan y no suben más, pero nunca bajarán con las consequencias negativas que eso tiene para los que están abajo). Por ejemplo, no tiene sentido que a un programador informático excepcional se le ascienda a jefe de proyecto porque es bueno como programador. Esos dos puestos tienen unas características muy diferentes. Los buenos programadores son personas muy técnicas,  con una gran capacidad de abstracción; esto las suele hacer personas independientes y que a menudo disfrutan trabajando solos. Por el contrario un jefe de proyecto tiene que tener una visión global, tiene que saber que hay que hacer pero no necesariamente saber cómo (para eso están los técnicos, aunque un mínimo conocimiento ayude); sobre todo un jefe de proyecto debe ser un buen comunicador, con liderzgo capaz de sacar lo mejor de cada persona por el bien del equipo. En qué cabeza cabe que a una persona técnica que le guste ir a su bola se la obligue a ser jefe de proyecto y se la fuerce a liderar un equipo cuando lo más normal es que eso le parezca un castigo en vez de una recompensa. Si hay un buen programador, súbele el sueldo pero no le cambies de puesto. Si tienes un buen coordinador, hazle jefe y ayúdale a aprender la parte técnica (esto es lo que está haciendo mi empresa conmigo, en Londres claro…) Esto pasa en la industría de las tecnologías de la información a diario. Si quieres ser jefe de proyecto tienes que empezar como programador y ascender quieras o no. Yo conozco programadores que por nada del mundo quieren ser jefes, pero así está el sistema montado y jefes desastrosos que ascendieron por ser buenos programadores. Y este ejemplo se puede extrapolar a cualquier industria.

Esto provoca que tengamos jefes que no saben serlo porque no está en sus aptitudes innatas, les cuesta un esfuerzo monumental y encima la empresa no les proporciona cursos de formación para adquirir los conocimientos que les hacen falta. Así se pasan el día desquiciados porque no se sienten realizados (también los habrá que simplemente sean gilipollas, pero pienso que muchos con formación y un código de conducta promocionado por la empresa lo harían mucho mejor). Y los de abajo también se pasan el día desquiciados porque están siendo “maltratados”. Al final unos por otros ninguno es tan productivo como debería ser y todos sufrimos.

vago2En otros países el trabajo se gestiona de otra manera. En el Reino Unido la gente trabaja, pero también se toman cafés (puede que tantos como en España, pero más cortos). La gente se socializa en el trabajo pero no en las reuniones; las reuniones tienen una agenda y un horario, no se usan para comentar el fútbol. Los jefes trabajan igual que los de abajo, se fían de los empleados y no asumen que si no estás en la silla no estás trabajando, porque saben que a lo mejor estás en una reunión o hablando con alguien para resolver un problema. De echo a menudo se promueven actividades en grupo e interdepartamentales porque son conscientes de que es más fácil solucionar algo cuando conoces a la persona que a fuerza de email. Muchas empresas como la mía permiten trabajar desde casa e incluso lo promueven para ahorrar en costes de oficinas y permitir a los empleados acomodar vida familiar con laboral. Se dan unos objetivos específicos y con plazos asequibles. La gente accede a cursillos para mejorar su capacidades y se ofrecen posibilidades de ascenso por méritos y capacidades, no por edad ni años en la lista. Y los empleados hacen siempre su trabajo aunque el jefe no esté mirando (aunque también descansan, más de lo que yo pensaba!).

Obviamente también depende de una empresa a otra, y de un jefe a otroy siempre hay vagos pero en las dos empresas que he estado se nota la diferencia de gestión y de mentalidad. Salvo morriña por la familia, comida y clima dudo que mucha gente vuelva porque eche de menos el sistema de trabajo. Y esto es un drama. Una generación perdida, otra que no va a poder desarrollar su potencial porque ni podrán pagarse  la universidad en España o cambiamos nuestra mentalidad como trabajadores (y cómo jefes) y demandamos a los políticos que inviertan en industria y trabajo o acabaremos siendo un país nómada, con más gente fuera que dentro como Armenia, buscando trabajo de sitio en sitio.

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