Funcionarios que no funcionan

España tiene el menor número de funcionarios por habitante de Europa. Este dato que José Carlos Díez menciona en su libro “Hay vida después de la crisis” debe estar presente durante cualquier análisis sobre las administraciones públicas. Si bien es cierto que la cantidad no es el problema, la crisis ha agudizado la percepción de la sociedad de que muchos funcionarios son más un gasto que algo positivo y necesario para un país.

Todos hemos oído a gente decir “yo voy a estudiar una oposición porque así tengo un trabajo para toda la vida y no me tengo que preocupar” o hemos visto a conocidos/amigos/familiares funcionarios hacer demasiados recados personales en sus horas de trabajo, por no decir los que utilizan la ley del mínimo esfuerzo laboral (aunque gente con esta mentalidad existe en todos los sectores, y todos los países). Pero también hay casos de gente que es funcionaria por vocación y/o dan más de lo que reciben, policías, médicos, enfermeras, profesores, y otras profesiones tan necesarias en una sociedad avanzada para garantizar una mínima calidad de vida. A menudo son los que vemos en las ventanillas y nos han dado una mala contestación o el vago que conoce un amigo que trabaja de funcionario raso o de jefe de funcionarios los que dan mala imagen a todo un sector. Pero no se deben menospreciar ciertos problemas estructurales en la organización de los trabajos públicos en España que ayudan a que este sector sea muy mal visto y de menos valor a la sociedad del que debe; modificando unas pequeñas cosas se ganaría mucho en imagen, eficiencia y apreciación de estos trabajadores por parte del conjunto de la sociedad. Para demostrar otra forma de funcionariado pongo de ejemplo mi caso.

Yo soy una funcionaria, al estilo británico; ejerzo en una empresa pública, mi sueldo sale de los impuestos de los londinenses. Sin embargo no he tenido que estudiar ninguna oposición ni encontrar un enchufe mágico; me presenté a una oferta de trabajo laboral, pasé unas cuantas entrevistas y ahora ejerzo un cargo público. El tener este sistema de contratación hace que los trabajadores públicos seamos susceptibles de ser despedidos si no cumplimos nuestras funciones, al igual que pasa en el sector privado, un trabajo público no es un trabajo para toda la vida si no muestras tu valía día a día y tampoco debería serlo en España. Este cambio no debería molestar a los funcionarios honrados, sólo a los que se quieren dedicar a mirar la mesa y esos son los que al fin y al cabo nos sobran. La manera de medir la valía de los empleados es a través de evaluaciones periódicas de rendimiento; cada año se fijan unos objetivos laborales y personales y se evalúa al trabajador en función de esos parámetros previamente acordados. Por lo tanto hay una motivación constante para hacer el trabajo lo mejor posible. Fijar estos objetivos no se entiende como la manera de tener a los funcionarios asustados, ni pedir cosas inalcanzables para tener una excusa para echarles, si no como una manera de concretar lo máximo posible las actividades a realizar y así evitar incertidumbres y dudas por parte de los trabajadores porque si las cosas están claras cada uno se puede concentrar en lo que le toca, nadie puede escurrir el bulto y todo lo que se tiene que hacer se hace. Los objetivos siguen el modelo smart (específico, medible, acordados, realistas, medibles en el tiempo) y su cumplimiento suele estar ligado con un incremento salarial. En el caso de los jefes de área los objetivos están además ligados con el estado de los proyectos de su área, si los proyectos no van como se planeó su sueldo es menor, así que ellos son los primeros en delegar funciones y trabajo a sus subordinados para conseguir los objetivos entre todos; además todo el mundo se preocupa de que las cosas se planeen y ejecuten adecuadamente, a nadie le gusta que su jefe le pregunte por que no tiene más dinerito este año. Con un elemento tan fácil de implementar como sustituir oposiciones por contrataciones e implementar objetivos de productividad ligados al aumento salarial o incluso a la permanencia del puesto se conseguiría que la gente hiciera su trabajo. No querer trabajar es una opción como cualquier otra pero no debería consentirse que por haber pasado un examen o tener un amigo en la administración se le pague con dinero público por tomar cafés de por vida. Dado el enchufismo existente en España para evitar contrataciones a dedo se podrían hacer auditorías aleatorias de las contrataciones y penalizar con despido cualquier irregularidad, en una sociedad con menos caciques sin alcohol esto no haria falta, pero de momento hay que ser realistas. Los puestos que gestionan y cobran dinero público deben ser ejercidos por gente con ganas de trabajar por el bienestar de la sociedad, no para colocar amigos o ir a la compra en horario laboral.

Para motivar más a los funcionarios, las administraciones británicas incluyen formación como un componente de los objetivos anuales para que a la vez que contribuyes a la empresa con tu esfuerzo puedas mejorar tus aptitudes y conocimiento (y tu cv), porque al final volverá a repercutir en la empresa. Cuanto mejor formado estés más podrás aportar en tu vida laboral. Gracias a esta formación continúa los funcionarios están muy conectados con nuevas técnicas y metodologías, y las ponen en práctica para gestionar mejor el dinero público, con lo que se mejora la productividad de su trabajo y la rentabilidad del dinero que gestionan, y todo sin reducir ningún sueldo. No se puede pretender que los funcionarios sean productivos, eficientes e innovadores gestionando dinero público o su tiempo si las únicas herramientas que tienen son los manuales de las oposiciones que estudiaron hace 10, 20 o 30 años y la carrera, aquellos que cursaran una relacionada con las oposiciones. Además está inversión en formación es uno de los atractivos para que personal con experiencia opte por un trabajo público, porque saben que podrán mejorar sus aptitudes más fácilmente que trabajando en el sector privado que dedica menos recursos a formación (aunque en comparación con España ambos sectores dedican mucho más).

Hoy en día se ha avanzado en todos los campos teóricos y prácticos, desde gestión de tu propio tiempo, gestión de equipos, métodos de aprendizaje, nuevos procedimientos médicos por poner algunos ejemplos; sin modernizar a los trabajadores ni ofreciendo incentivos eficaces la gente seguirá tomando más cafés que trabajando, gritando a compañeros en vez de comunicando y malgastando el dinero de todos. Estas medidas deben ser tomadas por el gobierno dado que las administraciones trabajan de forma jerárquica y deben acompañarse de una reestructuración. Muchos políticos o concejales son contratados como funcionarios (véase las diputaciones) y sus funciones salvo uso de coche oficial son bastante dudosas; todo el mundo menos ellos estaríamos de acuerdo en recortar su número. Sin embargo sólo tenemos unos 200 técnicos de calidad persiguiendo el fraude fiscal en un país cuya economía sumergida se estima en 200 000 millones, ahí deberíamos aumentar el número de funcionarios y por supuesto garantizar su independencia del ámbito político. Para éste u otro puesto necesitado de trabajadores (como los juzgados) se podría formar a gente que ya está en nómina pero no hace nada útil para que hagan ese trabajo, si no aceptan despedirlos y contratar a alguien que de verdad quiera trabajar. La reestructuración es necesaria pero debe hacerse pensando en la sociedad, no en privatizaciones o austeridad descerebrada.

La responsabilidad y el éxito de estos cambios está limitada por un cambio cultural. España adolece de dedocracia, ley del mínimo esfuerzo y como no es mi dinero no me duele gastarlo para satisfacer mi ego. Durante demasiados años la gente ha conseguido puestos en la administración a base de enchufe (así los que tienen el control lo mantienen a base de favores), ascendía a base de peloteo, no por méritos y gastaba dinero en lo que le parecía conveniente, no en lo mejor para la sociedad (a menudo por falta de mecanismos de control y seguro que a veces por desconocimiento) . Hay que cambiar la mentalidad del mínimo esfuerzo y el enchufismo. Si la gente no la cambia, los que son testigos de ello y entienden que así no puede funcionar un país avanzado deben denunciarlo para que ese puesto pueda ser ocupado por gente que está sin trabajo. Si no hacemos algo entre ladrones y jetas el país se hundirá en la miseria. Somos más que ellos, sólo tenemos que alzar la voz y avergonzarles por su falta de moralidad.

 

Austeridad sí, política

Congreso de partido por aquí, viaje por allí, continuamente los partidos políticos se gastan una pasta en dietas y eventos que bien podían ahorrarse porque a estas alturas nadie se cree lo que dicen por muy bonito que sea el sitio donde lo hagan. Podían grabar un video y difundirlo por Internet como hace el Presidente de Estados Unidos todas las semanas y lo mismo se aplica para los anuncios en campaña electoral. Así ahorramos (¿no estamos en crisis?) y ellos lanzan su mensaje sin interrupciones que al final es lo que quieren; total las preguntas de los periodistas nunca las contestan de verdad, eso cuando dejan que hagan preguntas.  Si lo que quieren es debatir entre ellos, en vez de gastar dinero en eventos que usen sistemas de videoconferencia gratuita, se ahorran desplazamientos y tendrán que hablar de uno en uno para escucharse. Dejemos de financiar partidos con dinero público; limitemos el límite de cantidad de contribuciones privadas y dejemos que se busquen los fondos como puedan, no se merecen recibir dinero público con todos los casos de corrupción que hay. Además lo que ayuda a la gente a decidir son los debates, no los anuncios. A mí repertirme un anuncio no me convence para votar algo si no estoy de acuerdo en sus principios. Los debates se pueden hacer en la televisión pública sin mucho gasto así ahorramos millones, que estamos en crisis ¿no?

Ibex-politicosCuando Europa y Alemania dijeron que España tenía que recortar en gasto, nadie se fijó en que lo que se denunciaban eran las obsoletas estructuras de las instituciones españolas que son un coladero de dinero para mucha gente que no da palo al agua y una puerta giratoria entre empresas financieras y políticas para asegurarse que el poder y el dinero se queden entre ellos. Es más fácil  recortar todo lo que no les afecta, dejando sus sueldos, dietas, viajes y amigos viviendo del cuento y de paso cortando en educación para crear una generación de incultos que no se den cuenta del chanchullo y no protesten.

A la vez venden los recortes como si los ciudadanos se lo merecieran porque han vivido por encima de sus posibilidades. Cierto es que algunas personas compraron una casa mejor de la que deberían, o varias para especular o pidieron créditos para ir de vacaciones cuando lo que tendrían que haber hecho es no viajar si no tienen el dinero disponible.Pero esto no es la mayoría y además la deuda de los ciudadanos no llegEsquema-ATTAC-Pais-Valenciaa ni de cerca a la de los bancos y resto de empresas. Los bancos ( que recordemos no generan ningún producto tangible para la sociedad) son los que han vivido por encima de sus posibilidades. Han creado productos a sabiendas defectuosos, apostado contra ellos para ganar dinero doblemente, acosado a la gente para que firmaran un crédito, hipoteca o productos irreales, timando así a la gente quería aumentar un poco su patrimonio para que ellos pudieran ganar cuanto más mejor. Así compraron y vendieron humo creando un agujero negro de increibles proporciones a costa de la ignorancia/inocencia de la sociedad. Lejos de asumir su responsabilidad, sus amigos políticos están cerrando el agujero por ellos sin que tengan que poner un céntimo .

Los ciudadanos que no tenemos relación directa con la política (osea los que no tienen un sueldo de asesor en casa, o reciben favores de políticos) tenemos que exigir que los políticos entiendan la política como un servicio al ciudadano, no un cajero automático para ayudar a sus amigos y jugar con su Ipad o hacerse la manicura en vez de atender en sus plenos. Hay que exigirles que estén libres de toda duda para manejar nuestro dinero. Basta de dietas, viajes, sueldos desmesurados, semanas de tres días laborales y “complementos salariales”, hemos dicho basta a la política como negocio. Dado que ellos no abren las listas para que podamos elegir de tú a tú nuestros representantes y tener acceso directo a ellos, tengamos tolerancia cero con los partidos. En cuanto tengan a un imputado o alguien del que se sospeche lo más mínimo no votemos ese partido. Seamos consecuentes, si no queremos corrupción no les votemos (ni siquiera por eso del voto útil) y no votemos tampoco en blanco porque nuestro sistema está mal estructurado y eso sólo ayuda a los partidos mayoritarios. Busquemos un partido que como mínimo no tenga sospechas de corrupción, malversación, imputados en su militancia, etc. y cumpla con nuestros ideales.  Si los tres partidos mayoritarios (que tienen imputados) no consiguieran ni un voto en las próximas generales estoy convencida de que limpiarían sus listas, pero como siguen recibiendo votos no ven la consequencia de sus acciones.

Los ciudadanos de nuestro país que son parásitos de la política (asesores, constructores y empresarios corruptos y las familias que se benefician de su robo a la sociedad) deben dejar su egoísmo y falta de moralidad en el cajón porque no se lo vamos a consentir más. Para mí está claro que el problema no son sólo los políticos corruptos; ellos son una parte del pastel pero todos sus amigos y familiares que han sido enchufados en un puesto pagado con dinero público para no dar golpe son tan culpables o más que ellos, y todos esos son ciudadanos de a pie parásitodedocracias de la sociedad que merecerían humillación pública por su complicidad. Los políticos corruptos siguen ganando elecciones gracias a ellos (y  a los leales a muerte que usan el voto útil) y han conseguido sobrevivir tanto tiempo gracias a extender su falta de moralidad dentro de la sociedad.

España necesita un cambio de mentalidad, los que se deberían ir fuera del país  son los jetas que quieren vivir a costa de los demás (políticos al servicio de intereses financieros, corruptos, asesores y funcionarios que no hacen su trabajo), no los jóvenes con carrera, Máster e idiomas. Todos empleados públicos deberían estar sujetos a una evaluación de productividad (los políticos en las urnas, el resto dentro de la institución) igual que lo están los trabajadores del sector privado y además deben trabajar para el ciudadano. Deberían pasar entrevistas para acceder al puesto en vez de exámenes que muchas veces están apañados.  Esto no es una quimera, es lo que pasa en el Reino Unido y sé de lo que hablo porque yo soy una “funcionaria” en Londres; he pasado un montón de entrevistas y tengo una evaluación de productividad que dictamina si me quedo o me voy, eso minimiza la dedocracia y que la gente haga la compra en el horario de trabajo como hacen algunos en España.

El que no quiera trabajar para el ciudadano de forma modesta para ganarse el pan que se busque la vida en otro sector, pero que no cobre un sueldo de la sociedad, los impuestos no están para eso. Somos nosotros los que debemos demandar esto dado que durante años no ha salido de ellos.