Corruptos en ideologías

Crecí escuchado que los del PSOE eran unos ladrones. Nací en 1982 y cuando empece a tomar conciencia de la política y las noticias era la época de Roldán, Filesa, los GAL y la decadencia de Felipe González. Al pasar los años iban saliendo escándalos en alcaldías del PP pero nunca nada comparable. Luego llego la Gürtel y mucha gente de izquierdas lo usa para atacar a la ideología contraria y porque se sienten mejor viendo pruebas de que no sólo el PSOE ha malversado fondos. Muchos ciudadanos han empezado a pensar que todos los políticos son iguales y que no hay nada que hacer, simplemente porque los dos partidos mayoritarios han hecho los mismos estragos al erario público. El víctimismo y derrotismo triunfa mientras los ladrones de traje siguen robando porque no nos ponemos de acuerdo ni para echarlos.

Para más inri no sólo hay ladrones en el PP y PSOE; CIU, el partido Gil, su heredero cachuli, UGT, partidos nacionales a nivel regional como los ERE de Andalucía, alcaldías y tantas organizaciones con acceso a dinero público se dedican a usar el dinero de todos para su propio beneficio, o el de sus allegados que es imposible nombrarlas todas.

Este comportamiento duele más cuando lo hace alguien con el que, en teoría, compartes una ideología política. Cada ideología trata de disculpar sus paños sucios y atacar a los demás por los suyos. Miran a la ropa del otro para no mirar la pila que se les acumula en su lavadora, la hipocresía viene de serie en el ser humano y es muy difícil erradicarla.

Cualquier malversación de fondos públicos es un crimen contra el estado, sea quién sea el que lo comete. Personalmente me duele en el orgullo doblemente y me parece infinitamente más deleznable cuando el que lo ejecuta es alguien con ideas progresistas. O mejor dicho cuando los ladrones que cometen el delito van de progresistas escudándose en una ideología con la que en realidad no tienen nada que ver y que están usando como método de recaudación. De lo contrario una organización para los trabajadores no robaría el dinero de los trabajadores para otros fines. Del mismo modo hay muchas personas conservadoras que condenan los estropicios de organizaciones afines con sus ideas.

Cada uno deberíamos analizar lo que hacen las organizaciones con las que estamos de acuerdo ideológicamente y exigirles limpieza y transparencia en vez de exigir a los demás lo que nosotros no somos capaces de conseguir en nuestro entorno. Quizá eso nos ayude a ver que todas las ideas tienen valor en una sociedad, siempre y cuando respeten los derechos humanos fundamentales y se apliquen en pos del beneficio de la mayoría. Uno de los problemas más serios que hay en el planeta es la falta de tolerancia con las ideas ajenas, a parte de motivos económicos esa es la causa de muchas de las guerras. En España se traduce en la imposibilidad de sentar unas bases para que todos los sectores que están en desacuerdo con la situación actual se unan y consigan hacer el trabajo necesario para cambiar el sistema en el que estamos. Salir un día a la calle a una protesta es un gesto positivo pero no va a resolver el problema. Sin embargo es todo lo que hacen la mayoría y luego se quejan de que no se consigue nada porque ellos pusieron mucho esfuerzo dos horas y quieren una recompensa desproporcionada e inmediata. Preferimos discutir y criticar las ideas de los demás en vez de abrir la mente al compromiso y movernos del sofá.

Hay que dejar atrás las ideas de que este bando es más ladrón que esté otro y echar a todo el que haya robado. Los chorizos están entre nosotros y pueden ponerse una chaqueta azul, una roja o una morada, eso no les hace menos ladrones ni menos peligrosos sólo mejor camuflados. La corrupción está en la personalidad, no en la ideología.

 

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Efectos secundarios del catolicismo

“La religión es el opio del pueblo”, Karl Marx

Es una cita amada por los ateos y odiada por quienes practican alguna religión. Cualquier religión o creencia puede ser muy positiva si ayuda a la persona a ser mejor consigo misma y con su entorno. Sin embargo debido al interés de quienes controlan las religiones, tergiversando los mensajes de los profetas, a menudo la religión consigue que los fieles dediquen sus energías a imponer su creencia, se distraigan con argumentos nimios y limiten su interacción con otros seres humanos para beneficio, a menudo económico, de los jefes del templo en cuestión.

Hay ejemplos de todo tipo, desde los extremismos islámicos y cristianos que obligan a la mujer a cubrirse, a las cruzadas o el terrorismo de Al Qaeda. Cuando uno se va a vivir a otro país inmediatamente se encuentra con una serie de conflictos sociales que antes no se apreciaban. No es sólo el hecho de que los españoles comemos a la una o las dos de la tarde, o que seamos tan expresivos hablando que otras culturas piensen que estamos enfadados porque nuestro tono de voz es más alto de lo que ellos estipulan tono normal. Hay muchos detalles más y muchos de ellos con el paso del tiempo los he acabado relacionando con la religión católica, predominante en España.

Puritanismo limitante. Con esto quiero decir cosas tan nimias como nuestra concepción de que quitarse los zapatos es de mala educación. Cuando empecé a trabajar fuera de España me llamaba mucho la atención que algunos de mis compañeros se descalzaran cuando se sentaban en su mesa, y de hecho caminan descalzos si van a un sitio relativamente cercano. No por más taparse y estar incómodos con la ropa o los zapatos vamos a ser más eficientes, todo lo contrario, cuanto más agusto estés más productivo serás porque en vez de pensar cada dos minutos que te duele el pie porque el zapato te hace daño estarás concentrado en tu trabajo. Pero de alguna manera muchos de nosotros pensamos que lo importante son las apariencias y que los pies son algo sucio que hay que esconder. Asociamos que hay que llevar la ropa adecuada para la situación concreta y si no parece que estas fuera de lugar y haciendo el ridículo porque no sigues las normas que alguien ha decidido por ti. En Noruega toman el sol en ropa interior y nadie se molesta.

Otro rasgo cultural relacionado con la religión es la idea que ronda en nuestra sociedad de que el trabajo es malo porque supone un esfuerzo y lo bueno es estar vagueando todo el día. Esta percepción se reduciría si la gente aprendiera a encontrar un trabajo que se le diera bien y le gustara pero a falta de eso deberíamos mover la sociedad hacia la percepción calvinista de que el trabajo sirve para redimirse y mejorarse a sí mismo. Esto no significa que haya que trabajar 20 horas al día si no que se trabaja viéndolo como una tarea de desarrollo personal en vez de una carga.

Así mismo viendo todo lo que la sociedad española está aguantando me pregunto si parte de la razón de tanto aguante estará en la idea religiosa de que hay que sufrir en esta vida para llegar al cielo. Una frase que parece que no tiene mucha miga pero en realidad induce a quien la escucha la idea de que sea sumiso, que todo lo que aguante ahora le será compensado en otra vida. Esta concepción católica no es promulgada en otras religiones. El judaísmo inculca a sus seguidores prosperar en la vida para poder ayudar a los más desfavorecidos, de ahí que sean muy propensos a meterse en negocios y amasar fortunas y a defender sus derechos en contra de situaciones adversas (cosa que incluso hacen demasiado a raja tabla). Quizá la actitud de sumisión ya la estamos acarreando desde hace siglos. Los sacerdotes protestantes en la Edad Media enseñaban a leer y escribir a sus creyentes para que pudieran acceder a la religión por ellos mismos y ser más autosuficientes, sin embargo los sacerdotes católicos intentaban por todos los medios que sus seguidores fueran analfabetos, porque así pueden tener más poder. La consecuencia es la actitud general de servilismo que hay en la sociedad actual, buscando líderes en vez de ser cada uno nuestro propio líder y pensar por nosotros mismos.

No pretendo ofender a quien tiene esta creencia, simplemente resaltar algunas facetas de nuestra cultura que no se dan en otros países y que asocio a la religión cristiana católica. De hecho muchas de estas características también se reflejan en sociedades con otro tipo de creencias como el Islam. En la mayoría de los casos porque a menudo la religión se practica de una forma limitante, imponiendo restricciones en base a la interpretación de una u otra persona sobre lo que un profeta dijo en su paso por este planeta. Si alguien decide creer en una u otra deidad debe ser libre de hacerlo. Ojalá todas las religiones avanzaran hacia una manera de complementar la vida y el espíritu del creyente en vez de restringir de manera absolutista su día a día bajo pena de arder en el infierno. Para mi eso no es religión es intentar controlar a la sociedad a base de terror.

 

El machismo nuestro de todos los días

“Cuando las mujeres tienen éxito Estados Unidos tiene éxito”. Así de contundente habla a menudo Nanci Pelosi del papel de la mujer en el mercado laboral y en la sociedad en general. La afirmación que la líder congresista hace sobre Estados Unidos se debería generalizar a cuando las mujeres tienen éxito la sociedad tiene éxito. En el planeta hay más mujeres que hombres por lo tanto el sentido común ya tendría que hacernos ver que cuanto mejor les vaya al sector más amplio mejor le irá al conjunto.

En el último siglo se han superado muchos pasos importantes hacia el reconocimiento de los derechos de la mujer como el derecho al voto. Poder usar métodos anticonceptivos o terminar un embarazo son elementos necesarios para garantizar que sean las mujeres las que deciden cuando quieren tener hijos y poder así planear su vida personal y laboral. No pretendo trivializar el aborto, tod@s deberíamos recibir una educación sexual de calidad para conocer las consecuencias tanto de las relaciones, como de embarazos y abortos, pero es fundamental que las mujeres tengan poder sobre su propio cuerpo.

Sin embargo aún estamos lejos de eliminar el machismo de nuestras vidas. En aquellos lugares donde podemos desarrollar una carrera profesional a menudo lo hacemos con miradas por debajo del hombro, comentarios sexistas y la obligación implícita de no cometer ni el más mínimo error porque el escrutinio que sufrimos es mucho mayor, perversamente son tanto los hombres como las mujeres los que nos juzgan doblemente incluso en cosas tan nimias como la ropa. Me pareció una licencia periodística de mal gusto y poco contenido cuando informando sobre una cumbre se mencionó el atuendo de Ángela Merkel, inmediatamente pensé ¿hacen lo mismo con los líderes de países que son hombres? Y lo que es más, ¿se es mejor o peor líder por llevar un traje? Para sobrevivir a ese examen constante muchas mujeres optan por una actitud manipuladora e incluso déspota, diciendo que ser mujer en un entorno de hombres es difícil y si no se comportan así no estarían donde están. Si bien ascender siendo mujer es más difícil en muchos casos, ese argumento suena más a quiero hacer las cosas como me da la gana y me hago la víctima para conseguirlo. Así responsabilizan de su comportamiento al exterior y no tienen que molestarse en dialogar, ser amables, motivar y promover la cooperación, cosas mucho más efectivas que los gritos y despotismo pero que requieren más esfuerzo. Conste que esta critica a la manera de gestión también se aplica para los jefes, no sólo las jefas, pero los hombres lo hacen sin más y las mujeres usan como tapadera su género, haciendo flaco favor al resto de las mujeres de generaciones venideras y perpetuando estereotipos tradicionales que deberían estar fuera de la sociedad del siglo XXI.

Si necesitan un modelo a seguir podrían fijarse en Khaleesi de la serie Juego de Tronos, un de los pocos caracteres televisivos femeninos con carácter, decisión y a la vez compasión. Desde luego no abundan roles femeninos positivos y fuertes en nuestras referencias culturales. La mayoría de vídeos músicales ponen a las mujeres como objetos sexuales, tanto si son las cantantes como si son bailarinas la cosa es que tengan poca ropa y hagan poses provocadoras. Canciones, películas y series de televisión promueven el concepto de que las mujeres somos seres indefensos esperando que un hombre nos rescate. Incluso en los anuncios se pueden apreciar estos mensajes; en un anuncio del seat Ibiza el chico hace que a su pareja se le pase el enfado persiguiendo el taxi en el que ella se ha ido con el Ibiza, dando a entender que los enfados de las mujeres son una nimiedad y cualquier cosa material hará que se nos pase.

Artistas tan famosas como Beyoncé promulgan ese mensaje de mujer desvalida en la mayoría de sus canciones, llorando por su ex novio, buscando un hombre a toda costa… sin entrar en los mensajes estilísticos que envían. Normal que tantas chicas de hoy en día basen su autoestima en tener o no pareja (aunque esa pareja no sea buena para ellas) y su apariencia física, ignorando que lo importante es aceptarse y estar agusto con uno mismo porque sin eso dará igual tener un novio que ochenta. Como dice Pink en su canción Stupid Girls “dónde ha quedado el sueño de una mujer presidente, está bailando en un video al lado de 50 cent”. Ella, Kesha y de vez en cuando Lady Gaga son de las pocas artistas famosas a nivel mundial que se atreven a desafiar esta cultura de estereotipos y animar a las mujeres (y a otros sectores discriminados de la sociedad) a tomar el control de su vida y ser ellas mismas. De lo contrario se exponen a ser carnaza de depredadores emocionales y acabar con problemas de autoestima y salud muy serios como los narrados en el último libro de Lucía Extebarria “Tu corazón no está bien de la cabeza”.

Si se quiere acabar con la desigualdad de género o la discriminación de cualquier motivo lo único que hay que fomentar es el respeto y la tolerancia en el hogar y en los centros educativos. Promover que ambas partes de una pareja (y en realidad todas los habitantes del planeta) deben tratarse con respeto y admiración para tener una relación saludable y que les permita crecer personalmente y convivir. Cuantas situaciones de malos tratos y discriminación se evitarían haciendo eso en vez de enseñar lo mínimo posible y poner leyes “de igualdad” defectuosas para parchear lo que es una simple cuestión de educación y sentido común.