No comes, te envenenas

Todos sabemos que los productos frescos tienen una fecha de caducidad. No sólo lo vemos en el paquete si no que los vemos perecer en nuestra casa. En unos días o un par de semanas dependiendo de lo que sea cualquier alimento dejará de ser apto para el consumo humano. Sin embargo en este mundo de prisas y de comodidad compramos comida preparada y la consumimos sin muchos miramientos. Aunque un guiso de pollo nos dure sólo tres días en el frigorífico no tenemos problemas en comer uno precocinado; evitamos pensar en la química que le habrán puesto para que lo podamos comer durante meses después de haber sido preparado, porque la ignorancia es la felicidad y preferimos no cocinar. Confiamos en que si se vende en un supermercado y sigue las leyes de alimentación impuestas por el gobierno significa que podemos comerlo sin problemas, porque para eso están las leyes, para protegernos.

Cuando Monsanto y otras empresas se dedican a alterar los productos que el planeta nos ha ofrecido y además se autoproclaman dueños de su engendro, como si el que había antes no hiciera exactamente lo mismo pero sin tanta química, queda claro que todo en este planeta está a la venta, y en España esto es verdad hasta con el sol gracias a la nueva política de energía solar. Con la excusa de poder alimentar a más personas con una cosecha porque su maíz no sufrirá plagas cambian su composición molecular pero por sí acaso rocían las plantaciones con productos químicos, que penetran la tierra y llegan a nuestros intestinos cuando comemos algo que ha crecido alimentándose de pesticidas. Parecen olvidar que la naturaleza es sabía y los insectos son capaces de evolucionar para conseguir comida, haciendo que la mutación genética que teóricamente protegía a ese alimento sea una pantomima. Y lo que es peor evitar una plaga de insectos es tan sencillo como rodear el campo de plantas u otros seres vivos que les atraigan/ahuyenten y sirvan de barrera, protegiendo así la cosecha, que es la técnica que se usa en las plantaciones orgánicas.

En vez de promover una forma de cultivo natural, los gobiernos llevan décadas dando subsidios para pesticidas y todas las empresas de productos envasados/precocinados. Una pizza congelada un euro, un menú de McDonalds 5 euros ¿quién va a decir que no sí se ha quedado sin trabajo o le han bajado tanto el sueldo que tiene que escoger entre pagar facturas o comprar la comida que sea con tal de llenar el estómago? No es sano pero tampoco será tan malo…hasta qué un día encuentras el video de Jamie Oliver el que explica como usan amoniaco sobre los restos de carne para dar el tono de color “adecuado” a las hamburguesas y que pasen por carne de verdad. Tan real lo explicó que McDonalds le denunció pero sorpresa sorpresa Jamie ganó el juicio.

A todo esto hay que añadir que muchas empresas de producción alimentaria importantes son también las dueñas de laboratorios farmacéuticos. Por lo tanto ellos ganan tanto si consumes comida como sí caes enfermo y usas medicamentos así que en realidad no les interesa que sus productos sean sanos, porque cobrar una vez cuando pueden hacerlo dos. Vemos como aumentan los casos de cáncer cada día; las evidencias de que la alimentación tiene mucho que ver con algunas tipologías son tan abrumadoras que los médicos tienen que restringir la dieta a los pacientes. Sin embargo son pocos los que mencionan como el estado mental afecta al cuerpo físico y como la alimentación puede ayudar a curar enfermedades sin ayuda de medicamentos.

Viendo como los gobiernos están encareciendo y complicando el acceso a medicamentos parece necesario que empecemos a mirar más a la medicina holistica y natural y menos a la química, que en realidad normalmente se basa en principios naturales pero aderezandolo con fórmulas químicas. Un ejemplo de esto se ve en la medicación para las infecciones de oído. El principio activo en los fármacos es vinagre de sidra de manzana. Yo en verano tuve una infección de oído para lo que una amiga me recomendó mezclar vinagre de sidra de manzana y agua estéril a partes iguales, poner diez gotas durante diez minutos y luego limpiar el oído. Al segundo día la infección había desaparecido, tanto fue así que cuando fui al médico para comprobarlo no me vieron nada de nada. Y como esto hay remedios para todo, incluso el cáncer unos basándose en zanahoria, otros en bicarbonato y limón

Tenemos que tomar el control y responsabilidad de nuestra vida, nuestra alimentación y nuestra salud. Cuando estamos enfermos vamos a un médico a que nos de una pastilla. En India la medicina ayurveda evalúa la personalidad y el estado actual de las personas, encuentran los desajustes y los tratan a base de dieta alimentaria, hierbas y especias, no hace falta cortar ni drogar a nadie, al fin y al cabo la medicina occidental trata síntomas pero no la causa que los origina y si no se elimina la causa la enfermedad volverá a aparecer. Todos los países asiáticos tienen prácticas similares a India, somos los occidentales los que hemos renegado de la naturaleza “en pos del progreso” sin darnos cuenta que en muchas cosas estamos más retrasados que aquellos que llamamos países en vías de desarrollo. Externalizamos nuestra situación médica por comodidad, para no tener que preocuparnos más haya del sufrimiento que conlleve la enfermedad que tenemos y por falta de conocimiento pero debemos tomar conciencia de nuestro cuerpo y como todo lo que nos pasa interactúa para bien, o para mal.

 

La hora no marca la productividad

Me resulta increíble pensar que en la España del siglo XXI exista la intención de cambiar la cultura basándose en los resultados de un estudio y un cambio de hora. Aunque si me paro a pensarlo esa es la España del siglo XXI, un quiero y no puedo mezclado con bravuconadas y estupideces oficiales, haciendo cosas a las bravas para quedar bien internacionalmente, sin importar como afecte a la sociedad o lo que la gente piense sobre ello. Decimos que somos un modelo de transición sin haber hecho una de verdad, ni siquiera podemos tener una conversación sobre los crímenes (de ambos bandos) de la guerra civil, incluso la onu nos ha echado una reprimenda por ello. Hemos sufrido este despotismo desde hace siglos, ejemplos recientes son la guerra de Irak y la austeridad iniciada por el PSOE.

El estudio y propuesta de la vuelta al horario GMT es la última muestra de esta mentalidad gubernamental. Algún osado argumenta que de esta manera trabajaríamos a la par que UK, quizá los que apoyan ese argumento deberían darse cuenta de que ahora, teniendo una hora más, es cuando vamos al trabajo a la vez porque en Reino Unido se comienza la jornada laboral entre 8 y 9 de la mañana, lo que serían las 9-10 de España… Teniendo el mismo horario, serían más obvias nuestras diferencias culturales con UK; pocos en España van a comer a las 12 de la mañana por mucho que se adelante la hora, yo lo hago desde hace 4 años y personalmente aunque tenga hambre porque me levanto más temprano, aún me parece que como a la hora del café; lo hago por obligación porque a partir de la una tengo reuniones.

Si lo que pretenden es hacernos clones de Europa, iríamos a trabajar a la vez porque al ir una hora adelantados la hora “cultural” que perdemos nos pondría a la par pero, ¿cuanto tenemos que sacrificar por ser europeos? ¿No hemos dado ya bastantes derechos y concesiones? ¿No tenemos derecho a conservar nuestra cultura y mejorar la productividad en vez de perder nuestra identidad para no conseguir nada? Y sobre todo, ¿tiene eso algo que ver con la productividad?

¿Hay alguien tan inepto como para pensar que por el simple hecho de ir más acorde con la luz solar nos vamos a convertir en una masa laboral productiva? Como sí fuéramos de Krypton y los rayos del sol nos dieran la fuerza que le dan a Superman. Lo que España necesita no es cambiar la hora y esperar a que el resto de problemas se resuelvan a base de bajar salarios, si no que los empresarios y los cargos públicos implementen medidas reales para mejorar el rendimiento laboral:

  • cursillos de formación en técnicas de productividad, gestión del tiempo y eficiencia
  • cursillos de comunicación para que los jefes y trabajadores hablen en vez de gritar y aprendan a expresar adecuadamente lo que los empleados deben hacer. Mandar un email de dos líneas diciendo “prepara una presentación sobre x” implica un montón de incógnitas: que tipo de audiencia, que contenido clave hay que expresar, hay que usar un estilo de presentación en particular, para cuando debe estar lista (y esta última no es para intentar escaquearse de hacerla si no para saber priorizarla con el resto del trabajo pendiente). Si no se comunican los requerimientos de manera adecuada, el trabajador tiene dos opciones, preguntar o hacer lo que estime oportuno. Viendo como se tratan las preguntas en España, normalmente como si fuera un pecado capital, no me extraña que lo hagan a su aire, sufran la ira injustificada de sus jefes y tarden el triple en hacer las cosas por falta de comunicación
  • medidas reales para que las parejas puedan trabajar y tener una familia sin sentir que uno niega lo otro, eso hará que más gente se decida a tener hijos y que la gente esté más contenta trabajando porque no tiene presión laboral cuando va a visitar al profesor de su niñ@
  • que cada uno asuma que el trabajo es una herramienta de satisfacción personal, que hay que hacer el trabajo lo mejor posible y lo más rápido posible
  • y que estar en una silla no implica que se esté trabajando por mucho que algunos quieran aparentarlo y otros exijan que sus empleados se queden más tiempo que nadie para demostrar su interés en el trabajo. Todo lo contrario, cuantas más horas exijas sin dar un trato digno menos productivo será alguien porque tendrá cansancio y mal humor acumulado.

Si quieren europeizar España deberían empezar por las medidas de conciliación, productividad y los horarios laborales que existen en los países nórdicos. Pero entonces en España se estaría haciendo algo bueno por la sociedad y eso sería pecado capital a ojos del sistema internacional y no encaja con el programa electoral de ninguno de los gobiernos que ha habido en nuestro país en más de 70 años.