Los chivatos son héroes no delincuentes

De vez en cuando me pregunto cómo sería el mundo si el Tribunal Supremo de Estados Unidos hubiera dado las elecciones del año 2000 a Al Gore en vez de George W. Bush. Probablemente un presidente democrático también habría invadido Afganistán como respuesta al 11S. Pero hay otras consecuencias de ese atentado terrorista que quizá no estaríamos sufriendo hoy en día; ante esta posibilidad la mayoría de la gente piensa en la guerra de Irak, pero también podría haber diferencias en otros temas como los niveles de espionaje que los gobiernos están utilizando para garantizar la seguridad de los ciudadanos.

El origen de esta nueva manera de entender la seguridad nacional se puede encontrar en los poderes que los estadounidenses dieron a su presidente las semanas después del mayor atentado de su historia; una ley llamada Patriot Act que otorga al presidente poderes prácticamente ilimitados simplemente diciendo que lo que quiere hacer es en aras de la seguridad nacional. El país que se niega a tener un documento de identidad a nivel nacional porque lo consideran una invasión de la intimidad, consintió y sigue consintiendo al gobierno que vigile sus conversaciones privadas para intentar evitar que se produjera otro atentado. Viendo que un país tan liberal como Estados Unidos aplicaba esas medidas, el resto de países las importaron. Personalmente no tengo ningún problema en que algún gobierno investigue mis conversaciones, como seguramente están haciendo sobre todo desde que escribo este blog. Yo no planeo nada delictivo y por lo tanto no tengo nada que esconder.

Si la mayoría de la gente pensáis como yo, pensaréis que no os importa que os investiguen siempre cuando eso ayude a que nuestras vidas estén libres de delitos y sufrimiento que se pueden evitar con una intervención policial. Pero esta cesión de la intimidad debe ser tratada por el gobierno como una gran responsabilidad. Que nosotros consintamos que nos registren en el aeropuerto o miren nuestros emails no significa que apoyemos operaciones encubiertas en otros estados o que investiguen nuestros movimientos por internet como si todos fuéramos criminales. Los indicadores para investigar a alguien deberían ser muy específicos no un simple “porque soy el gobierno y quiero”.

En 2010 cuando wikileaks se hizo famoso por revelar las indecencias diplomáticas de algunos países, todo el mundo se escandalizó durante dos días a ver como los políticos eran seres humanos tan cotillas y mezquinos como muchos suponíamos. Esa gran indignación duró lo que los medios tardaron en encontrar la siguiente noticia y como dice Aleix Saló en Simiocracia al final mucha gente escandalizada pero todo siguió como si nada. Gobiernos y poderosos siguen haciendo sus cosas como antes. Incluso ampliando su alcance, considerando las acusaciones de Snowden sobre el espionaje del gobierno estadounidense.

Persiguen a Assange y Snowden como a Will Smith en la película Enemigo Público acusándoles de traidores, pero ¿qué pasaría si nadie contara a la sociedad lo que está haciendo el gobierno? Cada vez es más evidente la complicidad de casi la mayoría de medios de comunicación con las estructuras se poder. Bien sea por afinidad ideológica, por contribuciones económicas o por ambas cosas. Lo cierto es que muy pocos medios de comunicación en el mundo se dedican a investigar y vigilar que los gobiernos no incumplen las leyes y mantienen un código ético. Menos aún informan de manera imparcial de las noticias. Parece que “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante” como ya advirtió Ryszard Kapuściński.

Muchos medios de comunicación ejercen su servicio a la sociedad sirviendo a sus accionistas más que a la verdad y no informando sobre lo que la gente debe saber; simplemente siguen lo que su modelo de negocio indica como ha denunciado Iñaki Gabilondo. Parecen haber olvidado que el poder para moldear el futuro de una República está en manos del periodismo de las generaciones futuras como afirmó Joseph Pulitzer y que ellos deben ser nuestros ojos y oídos dentro del sistema, denunciando aquello que carece de ética para que la sociedad al conocerlo pueda demandar responsabilidades, preservando a la vez cualquier vida que pueda estar en juego. Sin embargo en los últimos años han sido personas individuales o trabajadores del gobierno los que han denunciado prácticas gubernamentales de dudosa legalidad. ¿Si no fuera por gente como Julian Assange o Edward Snowden cómo podríamos saber si un gobierno está abusando de su poder? Cómo dijo Julian Assange “Es imposible corregir abusos a no ser que sepamos que están sucediendo”. Mientras revelar dichas actividades no se haga poniendo en peligro vidas humanas, mis felicitaciones y agradecimiento a todo aquel que decida anteponer sus valores éticos y responsabilidad social a su seguridad personal. En asuntos como estos todos deberíamos tener en la mente que “si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada”, Noam Chomsky.

 

Anuncios

Una respuesta a “Los chivatos son héroes no delincuentes

  1. Pingback: Los chivatos son héroes, no delincuentes | Lejos del tiempo

¿me he pasado? ¿me he quedado corta? animaros a comentar ;)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s